Cuando uno está enfermo, puede ser tentador no descansar completamente, sino, en su lugar, "estimular" el sistema inmunológico a través de un ejercicio ligero. Muchas personas creen que, a través de una intensa sudoración, los patógenos se eliminan del cuerpo. Esta idea se basa en la suposición de que el deporte aumenta la temperatura del cuerpo, lo que actúa como fiebre y acelera el proceso de curación. Pero, ¿cuánta verdad hay realmente en esta creencia tan extendida?

Sudar y enfermedad: un malentendido
Para empezar: sudar es una reacción del cuerpo que ayuda a regular la temperatura corporal. Cuando hacemos ejercicio, la temperatura en nuestro cuerpo aumenta, y sudar sirve para enfriarnos. Sin embargo, sudar por sí solo tiene poco que ver con la lucha contra los patógenos. Los patógenos como virus y bacterias se multiplican en el cuerpo y desencadenan reacciones inflamatorias. Nuestro sistema inmunológico responde con mecanismos de defensa como fiebre, pero esta reacción no está relacionada con el sudor provocado por el ejercicio.

La idea de que se puede "sudar" un resfriado o la gripe es científicamente infundada. De hecho, el ejercicio excesivo, si el cuerpo ya está debilitado, puede agravar la situación. Un sistema inmunológico debilitado se ve aún más presionado por el ejercicio intenso, lo que aumenta el riesgo de empeorar la enfermedad o incluso desarrollar complicaciones más graves, como miocarditis.

¿Qué dice la ciencia?
Una serie de estudios y artículos científicos han abordado la cuestión de si hacer ejercicio durante una enfermedad es realmente beneficioso o si causa más daño que beneficio.
Estudio 1: La regla del "Neck Check"
En un artículo de la Mayo Clinic, a menudo se cita la conocida regla del "Neck Check", que actúa como guía para las actividades deportivas durante un resfriado. Según esta regla, los síntomas leves por encima del cuello, como un moqueo o dolor de garganta, no prohíben absolutamente el ejercicio ligero. Sin embargo, si hay síntomas por debajo del cuello, como tos, dolor en el pecho o fiebre, se desaconseja encarecidamente cualquier actividad física. Esta regla está destinada a ayudar a minimizar el riesgo de empeorar los síntomas, pero no sustituye la evaluación individual del estado de salud.Estudio 2: Efectos del ejercicio en el sistema inmunológico
Según un estudio de Nieman y Wentz (2019), se observa que el ejercicio moderado puede tener un efecto positivo en el sistema inmunológico, ya que aumenta temporalmente la circulación y el número de células inmunitarias en el cuerpo. Sin embargo, el ejercicio intenso, y especialmente el "sobreentrenamiento", conduce a una inmunosupresión temporal, lo que significa que el sistema inmunológico se debilita y los patógenos tienen más facilidad para atacar. Esto es especialmente cierto si el cuerpo ya está debilitado por una infección.Estudio 3: Ejercicio y riesgo de miocarditis
Un estudio publicado en el Journal of the American College of Cardiology señala que el ejercicio intenso durante una infección viral aumenta significativamente el riesgo de miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco. La miocarditis es una complicación grave que puede ser provocada por virus que penetran más en el tejido de un sistema inmunológico debilitado. En el peor de los casos, esto puede llevar a arritmias o incluso a un paro cardíaco.

¿Qué ocurre realmente en el cuerpo durante la enfermedad y el ejercicio?
Cuando el cuerpo está invadido por patógenos, nuestro sistema inmunológico reacciona de inmediato y desencadena una respuesta inflamatoria. Las células inmunitarias llegan al lugar de la infección para combatir los patógenos. Al mismo tiempo, el cuerpo consume más energía, ya que el metabolismo se acelera. Esta energía es necesaria para que nuestro sistema inmunológico funcione de manera eficiente.
Sin embargo, el ejercicio intenso desplaza esta energía. El cuerpo debe utilizar recursos para alimentar los músculos y reparar los microdaños causados por el entrenamiento. La prioridad ahora es menos sobre combatir los patógenos. Por lo tanto, el sistema inmunológico permanece debilitado y el proceso de curación puede retrasarse. En algunos casos, esto puede llevar incluso a que la infección empeore o surjan complicaciones adicionales.

¿Cuándo debe evitarse el ejercicio?
En general, quien tiene fiebre o se siente muy cansado debería definitivamente evitar el ejercicio. La fiebre es una señal clara de que el cuerpo está luchando contra una infección grave, y en esta fase, el descanso es la mejor medicina. Incluso con síntomas leves, como un resfriado leve, el ejercicio debería reducirse considerablemente o ser reemplazado por movimientos suaves, como caminar.
Aquí hay algunas pautas que pueden ayudar:
Con un resfriado leve sin fiebre o síntomas severos, un paseo ligero o yoga puede estar bien.
Con fiebre, tos severa o dolores corporales, se debe evitar cualquier forma de actividad deportiva.
- Si los síntomas de la enfermedad persisten durante más de una semana, se debe consultar a un médico antes de retomar el ejercicio.

Conclusión: Más daño que beneficio
La idea de que se puede "sudar" una enfermedad es un mito que puede causar más daño que beneficio. Si bien el ejercicio regular y moderado puede fortalecer el sistema inmunológico, el ejercicio intenso durante una enfermedad aguda es contraproducente. El cuerpo necesita descanso y recuperación para combatir la infección y regenerarse.

Escuchar a nuestro cuerpo y darle el descanso necesario es la mejor manera de apoyar el proceso de curación. El ejercicio debería reincorporarse a la rutina solo cuando la enfermedad haya desaparecido por completo. De esta forma, se evita un retroceso y se protege de complicaciones a largo plazo.
La ciencia está de acuerdo: el descanso es la mejor medicina en caso de enfermedad. En lugar de "sudar" la enfermedad, lo mejor es acurrucarse con una manta en el sofá, mantenerse bien hidratado y darse tiempo para recuperarse.



